Caja Negra

Jorge López Pardo octubre 2012

Itinerarios

No hago un arte cubano, hago un arte para el ser humano. Declara el artista López Pardo a propósito de Caja negra, su reciente muestra.

Si los ambientes sombríos y herméticos hablan, deben ser escuchados. Imágenes inmersas en una persistente oscuridad han reflejado los más diversos matices de la naturaleza humana. Quizá por eso muchos en La Habana prestan atención a Caja negra, exposición individual de Jorge López Pardo (Trinidad, 1976). La muestra de once dibujos y una instalación estaba acogida hasta el fín de Noviembre, en la Galería Villa Manuela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). En dicho espacio conversamos con el creador.

Desde tu perspectiva como artista, ¿podrías profundizar en la esencia de la muestra?

Inspirado en metáforas, utilizo Caja negra como un recurso para expresar experiencias contenidas en las obras que conforman la exposición. El objetivo es invitar al espectador a realizar un viaje hacia espacios y escenas inventadas. Pero el invento es hecho a partir de una realidad muy bien determinada, pues se trata del contexto donde vivimos y nos desarrollamos.
Sin embargo, no es una muestra que se circunscribe al concepto de lo cubano; más bien trato de ahondar en la esencia del ser humano, en cualquier parte donde que se encuentre. Recreo algunas de esos espacios con los que nos sentimos identificados, situaciones presentes en piezas como Errante, Decadencia, Migración, Transcurso de la vida, Rutina, y en Sueños, la instalación.

¿Por qué decidiste usar la figura del avión para representar metáforas?

El avión no tiene fronteras, de hecho, siempre las está rompiendo. Ya lo había utilizado anteriormente en un proyecto como Avistamiento (2006). En Caja negra quise resaltar con mayor intención el protagonismo de ese artefacto que es portador de la cultura, de pensamientos… y se abre paso a través de la mente de las personas. La aeronave constituye un elemento simbólico que puede ser reconocido en diferentes lugares del planeta. Me sirve para unificar, conciliar el discurso y llevar el mensaje a un nivel global.

¿Consideras que Caja negra te convierte en un artista más integral?

Es una exposición que ayuda a construir el camino. La he concebido como un paso más en mi trayectoria, como un evento en el que nuevamente puedo comunicarme. No veo puntos de ruptura con lo que hice en el pasado, al contrario, Caja negra es continuidad, desarrollo, crecimiento… Hay temas que ya he tratado, pero ahora encuentro la manera de expresarlos mejor.

En ese proceso de crecimiento artístico, ¿qué te han aportado las incursiones en el paisaje, más allá de los reconocimientos que sobresalen en tu currículo?

Con el paisaje, tan estereotipado, y al mismo tiempo tan bien representado y defendido por un artista como Tomás Sánchez, pude replantearme conceptos, imponerme retos, oxigenarme y encauzar mi trabajo; eso propició un giro en mi carrera. Antes de incursionar en el género, mi proyección era la de un artista salido de las escuelas, hacía instalaciones y performances en un período de búsqueda. Luego vi lo bondadoso del paisaje; me permitía ser profundo, analítico y reflexivo. Decidí apostar por una visión propia. La forma de abordar una idea y de utilizar lo necesario para recrearla, resultan valor adquirido de la obra.

Alcanzas excelentes resultados con la técnica tradicional del grafito sobre lienzo. ¿Cuándo comenzaste a apropiarte de esa técnica? ¿Te sientes cómodo empleándola?

Con el grafito empecé aproximadamente en el 2004, después que regresé de una exposición inaugurada en México. Allá quería usarlo para un proyecto de grabado. Entonces, tenía que salir del color que aparecía en el tono del paisaje. El desafío era realizar un grabado en metal, por lo que era importante abandonar la paleta y concentrarme en la síntesis, en elementos que fueran más precisos, menos trabajosos. Eso me ayudó a completar lo que quería, un minimalismo donde la idea adquiere protagonismo. Como siempre me ha preocupado el equilibrio entre la forma y el concepto, no abandoné esta propuesta, lo que hice fue pulirla, perfeccionarla, para que estuviese aparejada con lo que tenía la intención de decir.
Me interesó el grafito por su pureza, se corresponde con lo esencial que deseo trasmitir. Es un elemento muy explícito, muy directo. Lo veo como un recurso primario para crear obras en las que no hay ornamentos, o donde el ornamento puede ser la figuración misma. Fuera de eso no intento coquetear ni con lo bello, ni con lo edulcorado. Dibujar con grafito es como redactar una carta, o precisar datos en nuestras propias libretas de notas; es como si estuviese escribiendo, pero en este caso sobre lienzo. Ha funcionado y me gusta mucho.
Los resultados son como proyectos, porque bien pudiesen materializarse con otras dimensiones. Si las imágenes trascendieran el plano resultarían más impactantes e interesantes, y a mí eso me serviría para representar fielmente lo que tengo en la cabeza. Pero como no están disponibles los materiales, no puedo lograrlo por el momento. Por eso me conformo con lo que he podido hacer hasta ahora.

¿Esta técnica te distingue entre los artistas de tu generación?

Puede que sí, por la forma de trabajarla y de concebir la imagen. Creo que desde ese punto de vista sí puede ser distintiva, por el tipo de elementos y recursos que aplico.

La sobriedad presente en tu muestra más reciente, ¿tiene relación con estados emocionales, o solo está familiarizada con una solución estética que consideras interesante?

Creo que es una solución estética escogida para dar respuesta a mis necesidades conceptuales. No me veo pintando en óleo, ni en otro material. Como sugería anteriormente, para mí lo más atractivo sería representar objetos. Si pudiera emplearía naves reales, haría Migración con verdaderos aviones… Dadas las dificultades para concretar esos proyectos, lo que hago es llevar una idea a un soporte para que la gente la conozca y la entienda, sin complejizar el lenguaje. Si resulta bello, es algo extra.

Has subrayado que concibes el arte como una manera de comunicar. ¿Qué reacción esperas del público y, especialmente, de los críticos?

Deseo que el público que sea cómplice de mis pensamientos, que interactúe con las piezas y lleguen a sentirlas como las siento yo. En cuanto a los críticos, esperar algo de ellos sería muy pretencioso de mi parte; los veo como el público en sentido general. Mis obras están dirigidas a todas las personas, sin importar su preparación, ni su cultura. Simplemente soy un artista de mi tiempo. Dibujo para establecer un diálogo y que la gente aprecie el mundo desde otro punto de vista. Si los críticos se apropian del valor de una pieza, y crean su propio discurso de lo que uno, consciente o inconscientemente, refleja, pues bienvenido sea.

Provienes de Trinidad, un municipio cubano lleno de historias, cultura y tradiciones, pero te interesa acercarte cada vez más a un público universal. ¿Cuál ha sido el camino para transitar de lo local a lo global?

Siempre he estado cerca del arte. Mis padres son arquitectos, y al alcance de la mano quedaban los libros de diversas manifestaciones artísticas, lo cual alimentó mi espíritu creador y la necesidad de expresión. Adquirí sensibilidad. Comencé analizar la vida y a dudar de ella. El dibujo me acompaña desde que tengo uso de razón, y se convirtió, naturalmente, en un medio para trasmitir eso.
Trinidad, un espacio muy rico y particular, tuvo mucho que ver en el proceso de concepción de mi obra. Es un lugar aislado que me ayudó a escucharme y a ser sincero conmigo mismo y con los demás. En Caja negra está al descubierto lo que siento y percibo; así es como veo el mundo, en grafito.

Este año también expusiste en la Oncena Bienal de La Habana y en la Galería Saltfineart de California, Estados Unidos. ¿Qué vínculos tienen esos antecedentes con la exhibición que ahora acoge Villa Manuela?

En la bienal participé con otra serie, Capital Humano, un proyecto vinculado a lo sociológico, al hombre como mercancía, al cinismo. Directamente no existen muchos puntos de contacto con las temáticas tocadas en Caja negra, que es más metafórica y poética.

Teniendo en cuenta esas exposiciones, personales y colectivas, que han propiciado un acercamiento entre tus obras y espectadores de Estados Unidos, Europa y América Latina, ¿qué importancia le concedes a la interacción arte cubano-público?

Como ya sugerí, no hago un arte cubano, hago un arte para el ser humano. Y que la interacción dé paso al enriquecimiento, a la reflexión. El arte es como el aire, como los mismos aviones, no tiene fronteras. Muchas personas de otros lugares han manifestado que se sienten identificadas con mis obras. He podido constatar experiencias similares en diferentes países. Pienso que eso es lo interesante de crear y proponer códigos internacionales, esencialmente humanos.

Y para el futuro, ¿qué planes tienes?

Quiero presentar Capital Humano en otra de las facetas. Primero sería en soporte bidimensional, donde esbozaría los proyectos de cómo pretendo montarlo, de cómo me gustaría hacer la instalación o el performance y cómo concebiría la obra final. La materialización de la idea dependerá en buena medida de lo que logre con ese trabajo inicial.

Obras

Migración (Boceto)

Jorge López Pardo 2012

Transcurso de la vida (Boceto)

Jorge López Pardo 2012

Errante (Boceto)

Jorge López Pardo 2012

Estado de ánimo (Boceto)

Jorge López Pardo 2012

Sueños

Jorge López Pardo 2012

Decadencia I (Boceto)

Jorge López Pardo 2012

Errante

Jorge López Pardo 2012

Decadencia II

Jorge López Pardo 2012

Transcurso de la vida

Jorge López Pardo 2011

Decadencia I

Jorge López Pardo 2012

Migración

Jorge López Pardo 2012

Rutina

Jorge López Pardo 2012

Luz propia

Jorge López Pardo 2013

Último aliento

Jorge López Pardo 2014

Rutina

Jorge López Pardo 2012

Artistas