Orí

Santiago Rodríguez Olazábal mayo 2009

Agbón Ilé Casa de la sabiduría

La exposición Orí. El Ori? personal, es un nuevo pretexto para volver sobre la obra de Santiago Rodríguez Olazábal, una de las propuestas ideo estéticas que mejor integra las esencias de rituales, ceremonias y sobre todo saberes de las prácticas religiosas de origen africano que, una vez transmutadas y asentadas en Cuba, operan con el contexto en sus intersecciones, a partir de la contingencia, el pragmatismo y la operatividad.
Quizá una de las esencias más connotadas en la obra de este artista sea el trascendental compendio de advertencias que son orientadas fundamentalmente hacia el destino moral del creyente
Olazábal traspola ese mismo sentido y objetivo primordiales, en y a través de su poética, a la vez que recompone una identidad colectiva que se formó como ha sido aseverado en otras ocasiones a partir de la experiencia, la tradición y la memoria de diversa procedencia o de micro localizaciones de una gran región. Habría que reconocer que sobre todo se formó desde una hibrides desdibujada por las tracciones, negación, intolerancia y prejuicios, gestados y manifiestos, primero desde el sistema de relaciones coloniales y  luego por la incapacidad  o la imposibilidad integracionista de los procesos postcoloniales, especialmente por razones históricas, de deformaciones raciales, aún en aquellos donde por ley, como parte de la política oficial del estado, las nuevas perspectivas socio-culturales han intentado reconstruir y reivindicar la dimensión de los diferentes universos e identidades culturales, sin que medie la falsa  y excluyente estrategia del mesiánico modelo civilizatorio, en el cual, las expresiones religiosas populares y sobre todo las provenientes del continente negro fueron declaradas bastardas.
La urgencia en la obra de Olazábal es modesta, claro está, no obstante la incorporación de todo el presupuesto filosófico, las pautas del pensamiento de la prácticas rituales, dentro del cuerpo de toda su obra, para legitimar y extender las advertencias de índole ética y penetrar el comportamiento y conducta moral cotidiana de los hombres.
Santiago trasciende la memoria o dicho de otro modo, no se conforma únicamente con vindicar y rescatar del mundo de la reminiscencia, el testimonio nostálgico de las religiones sincréticas. Las dignifica desde el arte, sobre todo con su sincera comprensión de la vitalidad y la proyección de un orden que no precisa del religioso para probar su valía y pertinencia, como tampoco precisa de momentos de crisis para sobrevivir y denotar su arraigo.
El ingenio de Olazábal, la energía que desborda cada obra, el carácter suscitativo,  el aura sugestiva de las imágenes, e incluso el sentido dramático, intenso que emana de sus composiciones, trasciende  la relación cognitiva con el que observa simplemente observa- que no puede sustraerse de una inexplicable interacción suprasensorial, aún cuando no logra superar el aparentemente hermético universo simbólico que le priva de la anécdota inmediata.
Como  en la médula del culto Ifá Òrìs?à, los textos, las frases, la palabra en su obra, no son sólo vehículos, son fuertes significantes de autonomía expresiva, simbólica y semántica. La palabra sustituye en estos cultos, la ausencia de representatividad visual, pero esa importancia del verbo dinamiza, en última instancia, el vínculo con el practicante. Es lo que ocurre en la representación de Olazábal.
En la obra Te amarré la lengua, una gran cabeza pintada toda de blanco, lleva en su boca un amasijo de hierros, cuchillo, palos -objetos reales pegados sobre la tela- que encarna la representación de Ògún, Òrìs?à del monte, cuya energía y bravura lo hace vencedor. La lectura sugerida,  en su ambivalencia, es sutil e inteligente: la lengua es portadora del asé, pues mediante la palabra podemos lograr o destruir mucho e incluso todo. Ògún está fortaleciendo la significación de la palabra, aunque también está conteniendo la imprudencia, la soberbia, la expresión que se esgrime para dañar.
Las obras escogidas para esta muestra, superan la asepsia de dibujos anteriores, en virtud de un connotado rigor conceptual, de la racionalidad virtuosa del oficio, que pondera la idea y el expresionismo que exhibe la fuerza interior de obra y artista. Los ojos cerrados de casi todas las figuras, revelan el poder de la introspección, la necesidad de mirar hacia dentro y de reconocer nuestro universo interno.
La imagen se estructura en una monumentalidad que se puede sentir por la gravedad del dibujo, de los trazos, los gestos, las manchas, como si fuera la instantánea de la dinámica convulsa  propia del ritual, del sonido de las palabras y rezos, que forman parte de ese acto sagrado, íntimo, pero concebido para ser asimilado desde la espiritualidad aprehensiva de los seres humanos, para que se comprenda que la relación Òrìs?à -hombre o mujer, es dialógica, pero es también una conexión singular y una transacción en la que se da y se recibe mucho más que bonanza material y no sólo es una fría  negociación, como lamentablemente es asumida por muchos, que quedan atrapados en la inmediatez del valor de cualquier prebenda.
Olazábal valida la escogencia puntual de determinados odu, historias y ceremonias o trabajos. Es así que la obra Cabeza verde cabeza seca cabeza hueca, no presume de la descripción, sino más bien, de la síntesis conceptual e icónica para apresar la sustancia del mensaje. Dice Ifá que la lengua quiere hablar más rápido que lo que piensa la cabeza, por eso Las nueces de Ifá no son simples nueces. Ò?rúnmìlà (El Testigo de la Creación) quería partir unas nueces e hizo venir a todos los Òrìs?à, porque ninguno lo lograba, sólo Orí las partió con su cabeza. Desde entonces Orí es el primero y es también supremo, como vital y definitorio, es nuestro pensamiento, nuestra razón, nuestra conciencia: tu cabeza te guía, pero tu cabeza también te pierde. Claro que, en última instancia, Cada cual con su carga, una irónica, casi sarcástica obra que nos motiva a que asintamos sobre nuestra responsabilidad.
El universo simbólico propio de la práctica religiosa es sobredimensionado en la iconografía propia de Olazábal, al crear un nuevo imaginario en el que, sin dudas, complejiza morfológicamente las representaciones que acompañan al culto.
Orí Méèrìn Layé simboliza los cuatro puntos cardinales que sostienen al mundo (la cabeza de los puntos cardinales), la evocación de la creación, pero también de Ò?run (el más allá, arriba) y Aiyé (la tierra, abajo). Y en esa concepción, la virtud de ?sun (la última que bajó a la tierra) para lograr la conciliación entre todas las deidades, de ahí la utilización de los espejos y el pigmento dorado.
Olazábal es cada vez más consecuente con el fin de los recursos, materiales y componentes en su obra, que devienen significantes indispensables, así como la incorporación de lo matérico, el objeto, de especial carga y energía visual. Como verdadero alquimista produce sus propios pigmentos, utiliza aleaciones, polvos, sumos de hierbas, que operan como complemento conceptual en sus obras y refuerzan el sentido del todo y las partes, sin hacer concesiones.
La versatilidad de este demiurgo le ha permitido acceder a la realización de una instalación para un espacio específico dentro de la galería. En rigor, la ha asumido como una obra experimental, en la que una vez más, acepta los desafíos de la especialidad, se apropia de la naturaleza emancipatoria de la intervención instalativa, esta vez desbordada por la articulación que propicia la interdisciplinaria, por la incorporación de sonido, a través de la música del brasileño Egberto Gismonti, la concepción escénica de la iluminación y el despliegue del texto. Los dieciséis ojos de Ò?sányìn, representados por 16 espejos que son como los ojos psíquicos, nos conduce a que nos reconozcamos en esa imagen inversa e idéntica y a que intentemos redescubrirnos en el entendimiento, el conocimiento y la sabiduría (Agbón) de lo cotidiano.

Hilda María Rodríguez Enríquez

Obras

Te amarré la lengua

Santiago Rodríguez Olazábal 2008

La puerta que abrió el muerto oscuro

Santiago Rodríguez Olazábal 2008

Las nueces de Ifá...

Santiago Rodríguez Olazábal 2008

Gemelos

Santiago Rodríguez Olazábal 2008

La mordió tu boca

Santiago Rodríguez Olazábal 2008

Eja tutu meta Ori

Santiago Rodríguez Olazábal 2008

Cabeza verde. Cabeza seca. Cabeza hueca

Santiago Rodríguez Olazábal 2008

Cada cual con su carga

Santiago Rodríguez Olazábal 2008

El rompió el tabú

Santiago Rodríguez Olazábal 2008

Orí Ajogún

Santiago Rodríguez Olazábal 2008

El rompió el tabú

Santiago Rodríguez Olazábal 2008

Artistas