Pinturas en clave baja

Enrique Báster octubre 2019

Crepúsculo matutino

Por Luis Enrique Padrón y Arlettes Sandó

Enrique Báster es obsesivo en su proceder. Pincelada sobre pincela¬da, entre empastes y veladuras; modela una pintura concreta en su justa dimensión. Su actitud, entre mesurada y frugal es consecuencia de un arduo proceso de razonamiento.
El color en su trabajo es el catalizador de sentidos; cada compo¬sición, recurso o accidente, tiene el propósito de afirmar su com¬plexión como artificio. Para nuestra sorpresa, en ello no subyace violencia alguna: nos presenta un matiz robusto, íntegro, dotado de un brillo tan especial como el del carbón recién apagado o el de la tierra mojada.
En su construcción la repetición tiene un valor determinante. La luz y la sombra, la profundidad, el ambiente, la tensión y la armonía son invocados a partir de la quiebra de la unicidad pictórica. La pincelada es un fractal que nos recuerda la historia misma de la pintura como proceso, y rememora esos momentos de ensayo donde el pintor juguetea con los tonos en el borde de la tela, la paleta o la imagi¬nación; gestos entrecortados, aglomeraciones caóticas y espontá¬neas, procacidad, dispersión y automatismo; luminosos episodios que serán consagrados en nombre de lo trascendente. Se dice que la verdadera pintura es aquella que el artista sacrifica, encubierta en el fondo de la tela o desparramada en el piso del taller; porque encarna toda la energía del proceso de pintar. Advertimos enton¬ces que el impulso creativo de Báster, confluencia de operatorias de encubrimiento y revelación, es arqueología del color abnegado.
Con frecuencia nos alerta que su pintura es abstracción basada en hechos reales, a sabiendas de que no será ni el primero ni el últi¬mo afanado en tamañas disquisiciones. Ciertamente su obra no es ajena a la autoconciencia pictórica, realidad otra reivindicada por las vanguardias del siglo xx. Pero la objetividad a la que se refiere se manifiesta en ciertas situaciones simbólicas y vivenciales, que ofrecen tratamiento a las dinámicas sociales contemporáneas.
De acuerdo a esta lógica podemos advertir un pulsar melancólico en estas pinturas en clave baja que hoy nos presenta. La penumbra pugna con la luz, batalla que cobra cuerpo en armoniosas escenas. Hay cierto regodeo, un poco de resignación, y alguna que otra dosis de cinismo. La fatiga, así personificada, es el regusto de la resistencia. Pero nada ha de turbarnos, pues en las regiones etéreas de la verdadera poesía no existe el mal, tampoco el bien.

Obras

Inocencia

Enrique Báster 2019

De la serie Hacinamiento

Enrique Báster 2018

Noche iluminada

Enrique Báster 2000

Artistas